El lado positivo de la situación

Lo primero que salta a la mente en una situación de emergencia sanitaria y social como la que estamos viviendo es lo negativo, las probabilidades que tenemos de pasarlo mal, de enfermar, de contagiar a otros, de que haya escasez de alimentos, de carencia de servicios, de hundimiento de la economía…un sinfín de problemas graves y muchos de ellos totalmente reales que nos paralizan o nos llevan al pánico y al caos más absoluto. Queremos escapar de la situación, alejarnos, y lo hacemos incluso pretendiendo que no pasa nada y yéndonos a la playa en plan vacacional, negando la realidad. O bien corremos al supermercado a vaciar sus estantes, con la angustia de la carestía, probablemente heredada de un pasado no tan lejano.

Nuestro cerebro reacciona con afán de supervivencia y, hasta que no pasa cierto tiempo, no somos capaces de ver nada más que nuestra propia necesidad, el peligro al que estamos expuestos y los inconvenientes que nos pueda causar la situación.

Y, sin embargo, cuando aquietas un momento todos esos pensamientos, cuando miras por la ventana y ves cómo brilla el sol, cómo cantan los pájaros, cómo están brotando las hojas en los árboles de tu calle, cada día más verdes y frondosos, aparece otro tipo de conciencia.

De repente te das cuenta de que esta situación ha hecho que la industria frene de golpe, cosa que no ha conseguido toda la alarma y el intento de concienciación ante el cambio climático, por mucho que nos hemos esforzado. La contaminación en China y muchos otros países, aunque sea momentáneamente, se ha reducido de forma drástica, tanto por la industria como por la minimización de los desplazamientos, dando lugar a una necesaria mejora de la calidad del aire que respiramos.

Te das cuenta de que, uno de los problemas más graves que hay en nuestra sociedad, que es el estrés y esta vida de locos en la que no tenemos tiempo ni para dar atención de calidad a nuestra familia, en la que la infancia corre de acá para allá, de una actividad extraescolar a otra, sin tiempo para jugar, o bajo el cuidado de otras personas durante largas horas, de repente se invierte, y tenemos a familias enteras reunidas en casa, aprendiendo a pasar tiempo juntos, redescubriendo juegos de su infancia, maneras de disfrutar, conviviendo y repartiendo las tareas, responsabilizándose a partes iguales de lo necesario.

Te das cuenta de que el teletrabajo, en muchos casos, es posible, y también otra manera de organizarnos que aporte mayor conciliación entre la vida laboral y la familiar, que permita que podamos vivir en áreas rurales, descongestionando las ciudades y reduciendo la contaminación producida por los desplazamientos diarios.

Y también te das cuenta de qué es lo verdaderamente necesario, cuáles son los productos de primera necesidad, cómo se sienten las personas que viven en países donde la incertidumbre sobre si tendrán acceso a alimentos es el pan de cada día.

Y cómo muchas veces nos encerramos en casa o en el trabajo por elección, presos de las redes sociales, de la televisión, del ordenador, de tareas interminables, en vez de disfrutar de un paseo por el campo o de un café con alguien amado.

Y sí, desgraciadamente, esta situación supondrá una gran crisis económica para muchos países, para muchas personas. Es inevitable, pero, como dice un buen amigo, hay que abrazar lo inevitable, hacerlo nuestro y transformar lo que sea posible en nosotros para seguir adelante y salir fortalecidos de esta experiencia.

A veces necesitamos perder lo que tenemos para darnos cuenta de qué es lo verdaderamente importante.

Si esta situación nos ayuda a reflexionar, a pasar tiempo de calidad con nuestra familia o con nosotros mismos, a darnos cuenta de que podemos vivir con mucho menos, a valorar salir a la calle y poder reunirte con otras personas, a comprender el sentir cotidiano de otros pueblos que no tienen nuestros privilegios, a descubrir qué es lo verdaderamente esencial y cómo preservarlo…habremos ganado mucho.

Y si además aprovechamos esta pausa para dedicarnos a cosas que nos hacen bien, para cocinar y comer sano, meditar, hacer yoga, cantar, escribir, poner en orden nuestras vidas, limpiar nuestra bandeja de correo electrónico, aprender un nuevo idioma, rescatar todo aquello que hemos dejado en el cajón de las cosas para las que no tenemos tiempo…entonces habremos ganado más todavía.

Ánimo.

Sara Justo Fernández. Formadora de maestros. Especialista en pedagogía Waldorf

11 comentarios sobre “El lado positivo de la situación

  1. Que bueno Sara!, yo solo había llegado a lo emocionante que serán los abrazos cuando vuelvan ( incluso con gente que no hubiéramos visto en condiciones normales) y a que por fin voy a tener tiempo de limpiar los cristales 😛
    Un beso!

    Le gusta a 1 persona

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