Iniciando nuevas andaduras

Queridos amigos,

Os escribo desde mi nueva página web. Ha sido un proceso que ha durado varios días, en el que me he sumergido en el mundo de wordpress y sólo sacaba la cabeza para tomar aire. Qué curioso es cuando algo te toma de tal forma que se te olvida hasta comer… El caso es que mis hadas madrinas me advirtieron de que esto pasaría, pero aun así, no deja de maravillarme.

Como en casi todo en la vida, pero en esto más aun, soy una aprendiz, y es más que probable que la web esté llena de desaguisados. Espero que, por lo menos sean cosas simpáticas y me las podáis perdonar. En cualquier caso, acogeré vuestro feedback con las manos abiertas, y si es con posibles soluciones, mejor aun.

Ha sido divertido, y lo será más aun cuando lo entienda mejor.

Por ahora, he trasladado todo el contenido de mi antiguo blog, y en breve subiré también todo tipo de material pedagógico que os pueda ayudar en vuestro día a día.

La web es bastante sencilla, hay varios apartados que podéis ver en la parte superior de la página principal. Desde allí podéis acceder a distintos contenidos: una biografía que intentaba ser breve pero no lo fue, la página del blog donde podéis encontrar todos los artículos que he escrito hasta ahora, una página de recursos donde iré colocando todo aquello que os pueda servir, una reseña de los libros que están en proceso de ser publicados y, por último, la página de contacto con currículum incluido.

Apuntaos! Suscribíos! Es gratuito, y he puesto un montón de botones para que lo podáis hacer con facilidad 🙂 Así seréis parte de mi maillist y no os perderéis nada, podréis estar al día del nuevo material y, de paso, sabréis de mis andanzas.

No puedo terminar sin agradecer todas las ayudas que me están llegando estos días… Ellos saben quienes son, y sé que lo que más ilusión les va a hacer es que yo haga lo mismo llegado el momento. Gracias de corazón.

Y como estoy muy contenta, voy a acompañar esta entrada con una foto mía en la playa, para recordar que el calorcito sigue existiendo. Y también, cómo no, con un botoncito para que os suscribáis. Besos grandes!

Os dejo con el botón 😉

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Sara Justo Fernández. Formadora de maestros. Especialista en pedagogía Waldorf.

Profundización sobre el acompañamiento de los niños en situaciones de conflicto.

En el artículo precedente hablaba sobre cómo podemos acompañar a los niños en sus conflictos, generando una situación de escucha y empatía. Me centré sobre todo en el niño que causa dolor, ya sea a si mismo o a los demás.
Revisando mis pensamientos y mis palabras, me di cuenta de que necesitaba escribir también sobre los niños que reciben daño del otro y cómo ayudarles en situaciones de conflicto. Creo que es imprescindible observar estas situaciones con mucha atención y acompañarlas con tacto, pues ambos roles necesitan una presencia amorosa que les ayude a mirar lo que está escondido, a llevar conciencia, alejando la culpa y creando responsabilidad.
 
Tal y como comentaba en el artículo anterior, mi primera reacción ante estos conflictos era defender, casi sin observar la situación, a aquel que consideraba en desventaja, a aquel que veía en una posición de debilidad y dolor. Los niños advertían mi reacción y la consecuencia era que el conflicto pasaba a la clandestinidad, donde el poderoso seguía ejerciendo su rol fuera de mi alcance, y su presa callaba por miedo. La situación empeoraba, pues parecía resuelta cuando en realidad estaba sólo camuflada.
 
Mi segunda reacción fue observar la dinámica antes de actuar. Descubrí que a menudo había situaciones previas que causaban el conflicto, situaciones en las que el poderoso se sentía puesto en tela de juicio, o inferior, o dejado de lado, y entonces actuaba de modo hiriente para recuperar su situación de poder. Si el niño que recibía la afrenta no se daba por aludido, o le contestaba con humor, poniendo un límite a la situación, ahí terminaba el problema y no solía volverse a repetir. Este tipo de respuesta lo daban niños que se sentían seguros de sí mismos, en igualdad de condiciones e incluso con mayor madurez emocional.
 
También se daban otro tipo de respuestas; había niños que se sentían heridos, lo expresaban con vehemencia y conseguían que el otro se disculpase y prometiese no repetirlo más. Hacían las paces, el niño herido perdonaba al hiriente, y al día siguiente se repetía la situación. Y así día tras día.
 
Otras veces el niño herido acababa sintiéndose culpable, disculpando la conducta del otro y restándole importancia. Estos niños volvían a relacionarse con el otro en el plano de la amistad y la situación también se repetía una y otra vez.
 
Y en otras ocasiones, las más difíciles, el niño se sentía herido en lo más profundo y no era capaz de reaccionar y expresar su dolor, ni siquiera cuando le preguntaba sobre ello, negando que la situación existía.
 
Observando estas respuestas, entendí que lo más importante es la autoestima y la seguridad que tienen los niños, pues es desde ahí que pueden lidiar con cualquier actitud externa. Conseguir que los niños tengan una buena percepción de si mismos, que sientan sus dones, sus fortalezas, que perciban en qué son especiales y lo vean como una riqueza, que vean las cosas que no les salen como ellos quisieran como un reto para sí mismos y como algo que compartimos todos los seres humanos, que todos tenemos fortalezas y debilidades y que, en definitiva, todos somos iguales y diferentes a la vez, y que todos tenemos el mismo valor.
 
Llevar esta conciencia al aula y a nuestros hogares es primordial para poder resolver este tipo de situaciones. Es imprescindible estar muy atento para dar el mismo valor a todos los dones que muestran los niños, fomentar esta capacidad de percibirnos y percibir a los demás de forma positiva, animarles a apoyarse y a ayudarse entre si todo lo posible. Y si hay alguno que se coloca por encima de los demás, recordarle que todo lo que está arriba también está abajo y que es en el equilibrio donde podemos encontrarnos a nosotros mismos.
 
Y aun teniendo todo esto muy presente y trabajarlo conscientemente en el día a día, hay niños que no consiguen confiar en ellos mismos y necesitan algo más, necesitan un apoyo más profundo, pues la carencia de su propia estima es muy grande y parte de ella puede ser un reflejo del sistema familiar.
 
Las situaciones que se dan en la infancia son muy complejas, y a menudo nos acompañan toda la vida, dejando una herida abierta que hace que continuemos repitiendo vivencias de forma constante, y que veamos el mundo y a nuestros hijos a través del prisma de nuestras heridas. Sin darnos cuenta, proyectamos en los niños las emociones que vivimos en la infancia, poniendo un peso mayor que a veces dificulta la resolución de la situación.
 
Como adultos, es necesario que nos enfrentemos con nuestros fantasmas, que acojamos a nuestro niño interior y resolvamos las heridas abiertas. En ocasiones tiene que ver con la herencia familiar, con nuestra propia constelación, otras con situaciones difíciles que se dieron en nuestro nacimiento, o incluso más allá. Si somos capaces de mirar todo esto con amor, de pedir ayuda si la necesitamos, y conseguimos colocar y agradecer nuestro pasado, automáticamente se levanta parte del peso que llevan nuestros hijos y facilitamos que ellos mismos puedan resolver y superar sus dificultades.
Sara Justo Fernández
Formadora de maestros, especialista en pedagogía Waldorf.