Cómo acompañar la lectura y la escritura sin presión y desde la calma

Child sitting on bed reading a book titled 'Stories of Magic' with fairy lights

Todas las personas tenemos una manera distinta de aprender.

Nos puede resultar más fácil recordar una imagen visual que algo que escuchamos, o a la inversa.

Hay cosas que se nos resisten y otras que aprendemos de forma natural y fluida, sin ninguna dificultad. Cada persona es única y por ello también tiene un ritmo y una manera de aprender diferente. No hay dos iguales.

Y, sin embargo, muchas veces nos empeñamos en creer en que hay una edad y una forma concreta para aprender ciertas cosas, por ejemplo, a leer y a escribir.

Nos llama la atención aquel niño que, con tres añitos o cuatro, distingue las letras y aprende a combinarlas, y esto hace pensar que, si él puede, los demás también deberían.

Y, si no lo consiguen, es porque hay algún problema…

Así que empezamos a insistir, a repetir, a forzar algo que debiera ser un descubrimiento maravilloso.

Y los peques se bloquean y se frustran. Empiezan a pensar, también ellos mismos, que tienen un problema. Se comparan con los que sí saben y se sienten tontos, inválidos. Y su autoestima y seguridad baja tanto que ya no les permite aprender desde la alegría. Aprender se convierte en algo doloroso y la frustración niebla su comprensión y su capacidad real para leer y escribir.

Esto sí que es un problema grave, porque la sensación de no valer, de no ser inteligente, es muy difícil de deshacer y queda grabada durante mucho tiempo, a veces para siempre.

Pero podemos evitarlo si cambiamos las cosas y respetamos el ritmo propio para el aprendizaje de la lectura y la escritura. Y dedicamos los años de la escuela infantil al juego y otras actividades que les ayuden a afinar los sentidos y la coordinación, en vez de iniciar aprendizajes formales que son propios de la escuela primaria.

Es cierto que algunos niños muestran interés por las letras desde antes de esa edad, y eso es perfecto, pero un interés genuino no quiere decir que haya que entrar en una enseñanza formal. Solo quiere decir que ya existe esa llama del entusiasmo y que hay que protegerla para que no se gaste, para que no se apague. Y esto se puede hacer acompañando sus descubrimientos sin acelerar la enseñanza, sin llevarla a la memorización.

Por otro lado, hay peques que, a los seis años, todavía necesitan mucho juego y movimiento para seguir desplegando sus sentidos, su percepción y su coordinación antes de estar listos para concentrarse en aprender a leer y escribir.

Y también los hay que necesitan que la enseñanza sea menos formal y más sentida, que utilice por ejemplo una bella historia, que les ayude a integrar la relación que hay entre cada grafía y su sonido. O quizá un hermoso dibujo donde puedan ver la forma de la letra en una montaña, en un río, en un sol… Es decir, una enseñanza que implique todos los sentidos, que les ayude a recordar a través del tacto, de la imagen, del sonido, etc.

Tener en cuenta todo esto puede hacer que la infancia aprenda a leer y a escribir desde el entusiasmo y el disfrute, evitando que más adelante se bloqueen al ver folios llenos de signos extraños que no consiguen descifrar.

Si quieres aprender cómo hacerlo, cómo acompañar la enseñanza de la lectura y la escritura desde los sentidos, la confianza, la calma y el respeto al ritmo propio, he creado algo para ti.

Se trata de un cuento, “El tesoro del tío William”, que presenta las letras del alfabeto a través de una hermosa historia, donde los protagonistas van descubriendo una letra en cada aventura de su viaje.

Cada ilustración contiene una o varias letras escondidas, que se pueden adivinar gracias a las pistas que van apareciendo en la historia, que no sólo trabaja cada fonema y cada grafía, sino que también siembra semillas para el desarrollo emocional y para fomentar la confianza a la hora de aprender.

Está pensado para que el adulto lea la historia en voz alta, dejando que sea el aprendiz de lector quien descubra la letra escondida en la ilustración.

Para explicar en profundidad las bases de esta forma de aprender, he escrito también una guía didáctica, que se llama “La enseñanza de la lectoescritura a través del arte”, donde muestro paso a paso cómo acompañar este bello proceso. Te ayudará también a saber cómo presentar cualquier contenido abstracto de forma que sea mucho más cercano a la infancia en sus primeros años de escuela.

Esta manera de aprender es todo un regalo que avivará el entusiasmo y la alegría del descubrimiento propio para la infancia que todavía no ha iniciado este camino.

Y también puede ser de gran ayuda para aquellos que han perdido las ganas por el camino y necesitan recuperar el brillo en los ojos a la hora de leer y escribir.

Ojalá te guste, te inspire y te sirva.

Pd. Tienes toda la información sobre el libro y la guía aquí:

La manera más bella de aprender a leer

Sara Justo Fernández. Maestra y formadora en pedagogía Waldorf.

Asesora de familia sobre temas educativos, de aprendizaje y crianza.

Autora de los libros Crecer para educar y El tesoro del tío William.

Cómo fomentar el gusto por la lectura en la infancia

Niña sosteniendo un cuento entre sus manos

Hace algunos años llegó a mis manos el libro Como una novela, de Daniel Pennac. Lo leí en dos días, asombrada de ver lo fácil que es equivocarse a la hora de fomentar la lectura en la infancia.

El libro habla precisamente de los motivos que llevan a los niños a relegar e incluso rechazar la lectura, haciendo especial hincapié en la importancia de respetar los derechos del lector, entre ellos, poder elegir lo que se quiere leer y el momento de leerlo.

Es muy difícil disfrutar de la lectura si el libro que lees no te gusta, o si tienes que leer cuando en realidad lo que te apetece es salir a pasear o necesitas solucionar algo. En esas ocasiones, lees y relees el mismo párrafo sin entender lo que pone, pues tu mente está en otro sitio. Y la lectura se convierte en algo arduo y sin sentido.

Esto se hace todavía más cuesta arriba en los inicios del aprendizaje de la lectura, cuando el acto de leer requiere un gran esfuerzo. Entonces es especialmente importante que la lectura tenga un mensaje lo suficientemente interesante como para seguir leyendo, que merezca toda nuestra atención y, a ser posible, nos arranque una sonrisa o nos asombre con su magia.

Y, sin embargo, en muchas ocasiones, los adultos nos empeñamos en que los niños lean lo que nosotros consideramos bueno para ellos, decidiendo incluso el momento de hacerlo, forzando algo que tiene que ser un placer y una elección propia.

La práctica que se suele dar en las escuelas de leer un mismo libro en grupo es difícil que funcione para todos, pues cada alumno es diferente y tiene gustos y capacidades diferentes. Si lo que queremos es fomentar la lectura, debemos respetar que cada uno elija aquello que realmente le gusta. Y no hay que preocuparse si solo eligen cómics, pues tienen muchas ventajas, sobre todo cuando hay ciertas dificultades a la hora de leer; las imágenes dan muchas pistas y enriquecen el texto, haciendo más liviana la lectura.

Es cierto que cada temática tiene una edad recomendada y que es preciso hacer una selección previa de los libros que están a disposición de la infancia, pero no debemos perder de vista la importancia de tener acceso a una colección variada, que incluya todos los formatos y niveles de lectura, para que pueda elegir aquello que realmente sea de su interés. Hablo tanto de los libros que podemos tener en casa como de la biblioteca escolar o de aula.

En cualquier caso, los grandes lectores se forjan ya en la cuna, pues la mejor manera de fomentar la lectura es leer y contar cuentos a los niños desde que nacen. Crear ese momento especial antes de ir a dormir en el que nos encontramos, como si fuera alrededor del fuego cálido de una hoguera, para compartir historias antiguas, mágicas y llenas de sabiduría. Y no perderlo, a ser posible, nunca. Si sienten que pierden ese momento mágico de conexión y calidez porque han aprendido a leer, probablemente no les guste el cambio.

Escuchar una historia nos lleva a un estado de relajación en el que prestamos atención solo al contenido, mientras nuestra mente está ocupada en crear las imágenes que escuchamos.

Leer es algo muy distinto, sobre todo al principio del aprendizaje, cuando nuestro cerebro está tan implicado en la descodificación y codificación de las letras que no podemos prestar atención plena al contenido de la historia.

No se pueden comparar ni son excluyentes entre sí. Es más, se complementan y se nutren, así que es preciso mantener la hora del cuento y también crear momentos en los que cada uno pueda leer su propio cuento, solo o en compañía.

Ya como pensamiento final, hay que tener en cuenta el gran efecto que tiene en la infancia nuestro ejemplo, y lo importante que es que nos vean leer y disfrutar con ello. Que en nuestro hogar haya libros de todo tipo, estanterías llenas de historias que nos conmuevan y nos atraigan. Que exista la posibilidad y la costumbre de acercarse a la biblioteca pública. Que la actividad lectora esté presente en el día a día y que cualquier excusa sea buena para sentarnos a contar un cuento o leer una historia.

Y ya si conseguimos apagar las pantallas de los dispositivos electrónicos en la medida de lo posible y leer libros físicos, llenos de ilustraciones hermosas, con buena luz natural, además de dar un ejemplo digno de imitar, estaremos cuidando nuestra vista y haciendo un gran regalo a nuestra paz mental.

Sara Justo Fernández. Maestra y formadora en pedagogía Waldorf.

Asesora de familia sobre temas educativos, de aprendizaje y crianza.

Autora de los libros Crecer para educar y El tesoro del tío William.

*Para evitar las dificultades en la lectura, es muy importante introducir su enseñanza en el momento adecuado y de forma que haga nacer el entusiasmo y la alegría de descubrir un modo nuevo de comunicarse con el otro. Si forzamos su aprendizaje cuando el niño no está todavía preparado para ello, es muy posible que presente dificultades que, esperando al momento preciso, se pueden evitar.

De todo ello hablo en mi artículo El respeto a la madurez escolar y también en la guía didáctica La enseñanza de la lectoescritura a través del arte, que acompaña y complementa mi próximo libro, El tesoro del tío William, un cuento para el aprendizaje de la lectoescritura desde el enfoque de la pedagogía Waldorf. Si quieres saber más sobre este bonito proyecto, tienes toda la información en el siguiente enlace:

El tesoro del tío William

*Fotografía de Annie Sprat